En los últimos años, uno de los temas más discutidos en México ha sido el aborto. Todos los que hablan tienen una opinión al respecto, pero muy pocos pueden justificar sus ideas con respuestas lógicas y satisfactorias.
Creo que el mayor problema al que se enfrentan quienes intentan justificar la prohibición o permisión del aborto es responder la pregunta que titula esta publicación: ¿Cuándo comienza la vida?
El asunto con esa pregunta radica en que nadie puede dar (al menos, no aún) una respuesta completa. Para muchos, la vida comienza en el momento de la concepción, para otros, comienza cuando nacemos; para algunos más filosóficos y racionales, la vida quizás empiece en el momento en que empezamos a “vivir” por nosotros mismos… legalmente, en México, la vida parece comenzar cuando el producto de la concepción cumple las 12 semanas (el motivo, no lo comprendo del todo).
El punto en todo esto es que nadie tiene una opinión igual a la de nadie, semejante quizás, pero nunca iguales, y cualquier respuesta que intente justificarse, resulta incompleta.
Por ejemplo, aquellos que piensan que la vida inicia con la concepción y condenan cualquier clase de interrupción no natural del embarazo. Para ellos, la vida inicia cuando se unen óvulo y espermatozoide. Sin embargo, sabemos que las células, por sí mismas, son seres vivos, las unidades biológicas más simples que existen en el planeta. Omitiendo aquí una explicación evolutiva sobre las diferencias entre seres unicelulares y pluricelulares, así como las funciones que desempeñan los distintos tipos de tejidos que conforman a los segundos, bien es sabido que la única función de las células antes mencionadas es específicamente concebir, ¿no se podría entonces decir que cualquier clase de acto sexual realizado que no termine en concepción se opone a las leyes de la naturaleza? Más allá de esto, debido que dichas células son seres vivos en sí mismos, ¿no deberían ser estas acciones consideradas homicidios (premeditados en la mayoría de los casos)?
Instituciones e individuos se ven entonces en innumerable cantidad de encrucijadas, sin posibilidades de emitir una respuesta que satisfaga a todos aquellos a quienes se dirigen. Aún así, se atreven a decir que el aborto es una decisión mala, irresponsable, homicida….
No malentiendan, no es que esté “a favor” del aborto. Simplemente, estoy en contra de los juicios que se hacen al respecto del acto y de quienes lo llevan a cabo. Al final, sólo son personas ajenas a quienes opinan quienes terminan perjudicadas, ignoradas y/o criticadas.
Considero que tomar una decisión como ésa es ya demasiado difícil como para estar al pendiente de lo que nuestras familias, amistades, compañeros o contemporáneos pensarán. Creo que sólo debería juzgarse de irresponsables a aquellas personas que toman sus decisiones basadas en las opiniones de los demás, y no en lo que hará que ellos se sientan tranquilos y orgullosos.
Así pues, la posición más madura - a mi actual parecer - sería apoyar en todo lo posible a las personas que se enfrentan a elecciones difíciles, sin importar el camino que decidan recorrer; pues juzgar sus decisiones sería juzgarlos a ellos y nadie se encuentra en la posición adecuada para ello.